La higuera

¿Recuerdas la higuera escondida?
Tú la vigía. Yo te seguía.
“¡No hay moros en la costa!”
Y escalando hasta arriba
Se ensancha el alma, el horizonte…
“Menuda vista”.

¿Recuerdas la comba, las canicas, los tazos,
correr sin cansarnos al pilla-pilla?
¿Los escondites, las tartas, los juegos de manos,
La herida perenne de nuestras rodillas?

Los códigos secretos,
La búsqueda de tesoros,
– Arena fina y dorada,
Árboles deshabitados, huecos
recónditos, expediciones
Por la montaña-
Caminar sin rumbo fijo
Y sin hora de llegada.
¡Qué maravilla llegar
A donde no ha llegado nada!

Y qué dices del corazón excitado
Ante la travesura pendiente
-“¡que no falte nunca!”-
De curiosidad inocente.

¿Recuerdas el recreo, el patio, la cantina?
Las cabañas tras el gimnasio…
-nuestra tierra prometida y sagrada-.
¡Aquellos eran nuestros palacios!

El olor fuerte a serrín que desprende la carpintería
junto a la clase de Mr. Brown…
Me evoca toda una vida.

Aún lo veo silbando y pintando
los fondos de nuestra próxima actuación.

¿Habrá quien cante, alegre,
himnos de guerra en asambleas como nosotros?
¿Hubo alguna vez algún ejército
Más patriota que el nuestro,
Alguna patria más unida?
¿Hubo amigos más amigos
Que los que tuvimos aquellos días?

Sí, yo te recuerdo
Entre arañazos y aire de campo abierto
En donde nos esperaban aventuras
-precipicios, rocas altas, toros sueltos,
Buitres- ¿Por qué no teníamos miedo?

Tú la guía. Yo siempre te seguía.

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