VII

Mi voz es voz en el desierto sólo.
Aprendí a fuego que no sé hablar
si no es a costa de mi vida. Todo
es callar y sufrir, sufrir y amar.

Yo soy todo puertas, todo cerrojos.
Enceldada contra mi voluntad,
las explosiones de amor me consumen
al tiempo que me hacen quererte más.

Pues, si de mi mirada se escapara
un haz de luz que ansía libertad
apresado, ¡no dejes que se vaya!

Hazlo tuyo. Yo te daré un manojo
de hierbas frescas, de viento y marea
enamorado. Puro. Después… calla.

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