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Calvario

16586667579_dbef86ab3a_b ¿De qué sirve esto que siento,
de qué sirve vivir en el pasado,
de qué sirve mi vida, di,
si tú ya me has olvidado?
¿Quién pregunta por qué me muero,
o por qué me comporto así?
¿O por qué soy una tempestad
que lucha con lo que hay dentro de mí?
No hay quien piense en el martirio
que por tu amor padecí y padezco.
No hay un alma que, compadecida,
me tienda la mano, aunque perezco.
¡Y quién me hubiera dicho, amor,
que tú ibas a hacerme esto!
No lo entenderé jamás.
¿Por qué te amo, si no lo merezco?

Irreversible

Recuerdo bien cuánto te amaba,
aunque ya no siento lo que una vez sentí.
Recuerdo el momento en el que te miraba
deseando que me pidieras salir.
Pero tú y yo no tuvimos nada.
-Escrito estaba en el firmamento-.
No tuvimos beso, caricias, albas,
sólo nuestro enamorado silencio.
¿Por qué nunca te dije nada?
¡Si hay algo de lo que me arrepiento!…
Has sido la sola oportunidad de amar
que tuve, y la he perdido, y lo siento…

Regreso

Regresé a la tierra prometida
que me aguardaba, que contenía
el relicario de nuestra infancia.

Entre las rocas, por las laderas
de las colinas del encinar,
dormitaba intacto el camino
que antes nos veía pasar.

Los arbustos me arañan la piel,
abren heridas a mi paso,
el aire respira tomillo y miel.

Allí seguía nuestro viejo árbol
de áspera corteza y corcho blando,
surcos negros y verdiblanco moho.

Sus hojas bailotean al viento
como antes hiciéramos tú y yo,
pero luego… se quedan en calma.

Su aliento, o el tuyo – fresco, suave,
leve – de pronto traspasa mi alma.

Y algo muerto dentro de mí, vuelve,
y algo nuevo dentro de mí, clama.

¡Escalemos el tronco,
subamos por entre las ramas huyendo,
que nos persiguen!
¡Pájaros, padres, profes, piratas!

Shh. Ya se han ido.
Y sólo queda tumbarse,
cada una en nuestra rama,
a ver el cielo con sus nubes,
a ver el monte con sus casas,
a ver el campo con sus flores,
a ver cómo
todo pasa.

Somos parte de este lugar.
Por eso quisiera quedarme aquí un rato.

Camino de vuelta, no miro atrás.

Atrás dejo la vida que esparcimos por el monte,
y la tierra que me conoció.
Atrás dejo mi alma en el viento.

Y dejo
a mi verdadero yo.

Algodones

Flotan los algodoncillos
como nieve en primavera.
Aire fresco en la ventana
y tras ella un alma espera.

Árbol nuestro, cielo inmenso,
sendero: tu polvo y arena.
Un riachuelo se ríe
de un alma que siente pena.
¿Quién recorre estos caminos?
¿Quién los vive? ¿Quién se acuerda?
Flotan los algodoncillos
como nieve en primavera.

Tarde eterna que se llena
de recuerdos y nostalgia.
Una ausencia que se expande
por el bosque y se contagia.
Ya no brillan las estrellas;
y en aquella triste estancia
donde viven sólo sombras
ya no hay sueños, ya no hay magia.
Flotan los algodoncillos
como nieve en primavera.
Aire fresco en la ventana,
que tras ella un alma espera.

Te esperé la noche azul,
te esperé al llegar el alba,
en la iglesia ante la cruz,
en la casa abandonada…
Mas tú nunca regresaste,
¿es que no me echaste en falta?
Cómo siento que te fueras
donde mi alma no llegaba.
Flotan los algodoncillos
como nieve en primavera.
Aire fresco en la ventana.
Para siempre un alma espera.

XIV

Recuerdo bien cuánto te amaba,
aunque ya no siento lo que una vez sentí.
Recuerdo el momento en el que te miraba
deseando que me pidieras salir.
Pero tú y yo no tuvimos nada.
-Escrito estaba en el firmamento-.
No tuvimos beso, caricias, albas,
sólo nuestro enamorado silencio.
¿Por qué nunca te dije nada?
¡Si hay algo de lo que me arrepiento!…
Has sido la sola oportunidad de amar
que tuve, y la he perdido, y lo siento…

La higuera

¿Recuerdas la higuera escondida?
Tú la vigía. Yo te seguía.
“¡No hay moros en la costa!”
Y escalando hasta arriba
Se ensancha el alma, el horizonte…
“Menuda vista”.

¿Recuerdas la comba, las canicas, los tazos,
correr sin cansarnos al pilla-pilla?
¿Los escondites, las tartas, los juegos de manos,
La herida perenne de nuestras rodillas?

Los códigos secretos,
La búsqueda de tesoros,
– Arena fina y dorada,
Árboles deshabitados, huecos
recónditos, expediciones
Por la montaña-
Caminar sin rumbo fijo
Y sin hora de llegada.
¡Qué maravilla llegar
A donde no ha llegado nada!

Y qué dices del corazón excitado
Ante la travesura pendiente
-“¡que no falte nunca!”-
De curiosidad inocente.

¿Recuerdas el recreo, el patio, la cantina?
Las cabañas tras el gimnasio…
-nuestra tierra prometida y sagrada-.
¡Aquellos eran nuestros palacios!

El olor fuerte a serrín que desprende la carpintería
junto a la clase de Mr. Brown…
Me evoca toda una vida.

Aún lo veo silbando y pintando
los fondos de nuestra próxima actuación.

¿Habrá quien cante, alegre,
himnos de guerra en asambleas como nosotros?
¿Hubo alguna vez algún ejército
Más patriota que el nuestro,
Alguna patria más unida?
¿Hubo amigos más amigos
Que los que tuvimos aquellos días?

Sí, yo te recuerdo
Entre arañazos y aire de campo abierto
En donde nos esperaban aventuras
-precipicios, rocas altas, toros sueltos,
Buitres- ¿Por qué no teníamos miedo?

Tú la guía. Yo siempre te seguía.